“Criticaen25” es un punto de encuentro para todos los cinefilios, habitantes del séptimo planeta del sistema solar de las artes. Una propuesta amena y divertida a la par que abierta al debate y a la reflexión en la que, tan diariamente como sea posible, se irán comentando películas de todos los tiempos, con independencia de su género o fama. Un lugar en donde relajarse y disfrutar de un rato agradable en buena compañía.

Y si no, Pues a lo Mejor no es un McGuffin

Y SI NO, PUES A LO MEJOR NO ES UN McGUFFIN


 Este término tan extraño tiene la curiosa traducción de “la excusa”, y ni más ni menos que fue creado por el mago del suspense, Alfred Hitchcock. Decir un McGuffin (o MacGuffin) es decir la excusa bajo la cual se crea una película. Y como muestra, un botón: bajo el pretexto de firmar los papeles del divorcio, Twister [Jan De Bont, 1996] te hace un manual básico para ser cazatornados. En el fondo, lo de los papeles del divorcio acaba siendo lo menos importante, pero es lo que hace que la película arranque. Es una técnica muy resultona y que además, buen usada, puede generar que una película sea un espectáculo de primera. Por ejemplo, en Origen [Christoper Nolan, 2012]: en este caso, la excusa es que al personaje de Cillian Murphy le cambien sus planes acerca de seguir con la empresa de su padre. A los cinco minutos, eso importa un bledo, porque ofrecen tal festín de edificios plegándose, espejos y contraespejos, de trenes por carreteras y desafíos de gravedad, que da absolutamente igual si a Robert Fischer le da por seguir sus negocios o ir por libre. Desde meteoros en Armageddon [Michael Bay, 1998], usados como recital para ver como funciona la NASA y como es ser astronauta, a cosas más peregrinas como el maletín de Ronin [John Frankenheimer, 1998], el McGuffin es lo que pone en marcha su argumento pero a la vez es lo más sobrante. Y en su mayor parte, sirve tanto para poner en marcha los acontecimientos como para describir una profesión, y casos los hay a patadas en incontables películas y series: policías, soldados, abogados, jueces, políticos, periodistas...ni los reyes o presidentes se libran de ello (¿que sería de Ciudadano Kane si su protagonista no dijera “Rosebud” en su lecho de muerte?). Ahí reside uno de los trucos más clásicos y usados del cine, que sigue funcionando tan bien como cuando se inventó. Ya lo decía el propio Hitchcock: «y si no, pues a lo mejor no es un McGuffin».

 Nº De Serie: NC/TCM/00024. Escrito Por: The Cineman.
 Publicado El: Viernes, 18 de marzo de 2016.

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